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El abandono de tratamiento aumenta por cinco las posibilidades de recaída

Ene 27, 15 El abandono de tratamiento aumenta por cinco las posibilidades de recaída

Los pacientes con esquizofrenia que abandonan el tratamiento farmacológico tienen cinco veces más posibilidades de sufrir una recaída, según informa la psiquiatra e investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM), Paz García-Portilla, en un encuentro organizado por la Alianza Otsuka-Lundbeck bajo el lema ´Redefiniendo la esquizofrenia´.

Se trata de una enfermedad mental grave y crónica que afecta al 1 por ciento de la población mundial y a 400.000 personas en España. Se caracteriza por alterar el pensamiento, la percepción, las emociones y el comportamiento de las personas que la padecen.

“Es una patología del neurodesarrollo que aparece desde la infancia aunque no es en la edad adulta cuando aparecen los primeros síntomas”, ha apostillado la experta. De hecho, la edad media de aparición del primer episodio es aproximadamente a los 21 años en los hombres y a los 27 años en las mujeres.

Otra de las principales características de La patología es que cursa con brotes, los cuales son “neurotóxicos” y afectan de forma irreversible a la capacidad funcional del paciente. Este problema se ve agravado si se tiene en cuenta que el 16 por ciento de los enfermos sufre una recaída después del primer episodio de esquizofrenia y el 80 por ciento a los cinco años.

“En estas recaídas los tratamientos farmacológicos pierden eficacia y hacen que el paciente tenga un peor calidad de vida, pierda autoestima, aumente el riesgo de autoagresividad y, por tanto, tengan un peor diagnóstico de la enfermedad”, ha apostillado el jefe de Psquiatría del Hospital R. Lafora de Madrid, Fernando Cañas.

Por este motivo, y debido a la elevada falta de adherencia a los tratamientos, que se explica en “gran medida” porque estos pacientes no “admiten” estar enfermos, García-Portilla ha destacado la necesidad de implantar “todas” las estrategias farmacológicas, psicológicas y psicosociales en los cinco primeros años de diagnóstico.

Los primeros síntomas comienzan desde la infancia

Y es que, tal y como ha informado, los primeros síntomas comienzan desde la infancia y se caracterizan por falta de motivación y energía, retraimiento social y menor expresividad social. Por ello, ha abundado en la importancia de que tanto los familiares como los médicos de Atención Primaria presten atención a estos síntomas y diagnostiquen la enfermedad “lo antes posible”.

“Necesitamos un diagnóstico precoz y un tratamiento multidisciplinario consistente”, ha apostillado Cañas, quien ha pedido “simplificar” los tratamientos para, así, facilitar su cumplimiento. De hecho, los expertos han asegurado que para que un tratamiento sea eficaz se debe evaluar la percepción del paciente ante la terapia prescrita a su comodidad y a lograr que sea lo menos agresivo posible.

Asimismo, la investigadora ha comentado que actualmente, y a pesar de las diferentes opciones existentes, el 50 por ciento de los pacientes no reciben un cuidado adecuado. Como consecuencia de ello, ha solicitado al Gobierno, y al nuevo ministro de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Alfonso Alonso, “más estrategias” psicofarmacológicas y psicoterapéuticas “eficaces” en “todas” las dimensiones de la enfermedad, “más” dinero y recursos, así como una “implementación real” de los cuidados de salud y recursos sociales.

“Nuestra mejor estrategia es hacer una buena prevención secundaria porque con ella podríamos conseguir beneficiar a más del 70 por ciento de los pacientes. Tenemos que conseguir que se adhiera el plan de tratamiento tanto el paciente como su entorno y, para ello, es básico construir una buena alianza terapéutica”, ha recalcado Cañas.

Importancia de las familias

En este sentido, la directora de la Asociación Madrileña de Amigos y Familiares de personas con Esquizofrenia (AMAFE), Ana Cabrera, ha destacado el papel que juegan las familias de los pacientes con esquizofrenia y ha recordado que “lo normal” es que pasen entre 10 y 15 años hasta que los familiares se dan cuenta de la presencia de la enfermedad.

“Muchas veces las familias no tienen ni idea de cómo deben actuar y, por eso, es importante que se les enseñe, se les facilite pautas concretas de cómo se deben comportar con el paciente y, por tanto, se les enseñen conocimientos de la enfermedad”, ha indicado Cabrera.

Y es que, tal y como ha advertido, es “imprescindible” que se les eduque bien porque los enfermos con familias sobreprotectoras tienen “más probabilidades” de sufrir una recaída. “El paciente debe ser autónomo y vivir con la mayor autonomía posible y eso hay que explicárselo a las familias ya que la sobreprotección es también una forma de estigma”, ha zanjado Cabrera.

Vía: www.elsemanaldigital.com

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