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El proyecto “respiro familiar” cumple 10 años

Abr 28, 15 El proyecto “respiro familiar” cumple 10 años

No tienen amigos, se sienten estresados y depresivos, su vida se circunscribe a las paredes de su casa, ni siquiera se encuentran en el mercado laboral. Ésta es la descripción de lo que se ha denominado ‘cuidador informal’ y es todo aquel que tiene a su cargo a un familiar mayor que depende totalmente de él.

Las secuelas que deja en los cuidadores, mayormente mujeres, la sobrecarga de trabajo por atender a sus familiares enfermos varían desde el estrés y la ansiedad hasta el insomnio y la depresión. En muchos casos, confluyen varios. Cruz Roja trata de aliviarles estos síntomas, gracias a un programa que puso en marcha hace diez años y que se denomina ‘De apoyo temporal a familias con personas mayores a su cargo’, popularmente conocido como ‘Respiro familiar’.

Es poco tiempo pero le sabe a gloria, pues aprovecha para dedicarse tiempo a sí misma.

En la actualidad, en Córdoba 20 familias se benefician de él gracias a la labor de voluntariado de una decena de personas y de unos seis psicológicos. Hay incluso cuidadoras en lista de espera para acogerse al programa por falta de voluntarios. Como los recursos humanos son limitados, el respiro familiar consiste, por ahora, en permitir a la cuidadora despejarse durante dos horas a la semana. Es poco tiempo pero a ésta le sabe a gloria, pues aprovecha para dedicarse tiempo a sí misma.

Es el caso de Chari Muela, una mujer vitalista a la que el ictus que sufrió su marido Emilio hace 28 años le cambió la vida. La movilidad de éste es reducida, y va a peor. En sus escasas salidas a la calle no puede faltar la silla de ruedas y primero hay que superar el tramo de escalones que lo separa del aire libre. Desde hace dos años, gracias a Rafael, el voluntario de sustitución de cuidador que Cruz Roja le asignó, Emilio puede salir de su obligado encierro y compartir charlas y “ligoteo” con un amigo.

“Sentirse realizado”

Ser voluntario de esta organización es algo que siempre rondó en la mente de este policía local jubilado. Ahora se siente a gusto consigo mismo ayudando a los demás. “Es algo que siempre ha formado parte de mi trabajo. Haciendo esto me puedo sentir realizado de manera altruista”, apunta. Gracias a su ayuda, Chari recibe a Emilio los jueves a mediodía de mejor humor. “Este programa es muy bueno y positivo. Le viene bien a mi señora porque el tiempo que estoy por ahí es un tiempo de respiro que ella tiene”, sostiene. Y más ahora que le toca cuidar también de su madre de 98 enferma de alzheimer.

El programa nace, según explica Amalia León, trabajadora social de Cruz Roja, para atender a los cuidadores informales. “Sabemos que hay muchas necesidades ahora mismo y que estas personas se quedan fuera de la protección social”, afirma. Los cuidadores acuden a la organización buscando aprender a cuidar mejor a sus familiares dependientes después de que la enfermedad les llegase de improviso.

“Hacen de enfermeros, de auxiliares de domicilio, atienden también psicológicamente a la persona dependiente… Realizan tantas cosas que se olvidan de cuidarse ellos. Acuden a nosotros con unas necesidades de aprender a cuidar a los demás, pero también hay una necesidad encubierta que es la de cuidarse ellos, que es la que nunca demandan”, afirma Amalia.

Aliviar la sobrecarga

Ahí comienza el trabajo del trabajador social. Acogen a los familiares, evalúan su situación y asignan el recurso más adecuado, que va desde destinar a un voluntario para aliviar al cuidador de la sobrecarga que tienen hasta trabajar con ellos desde el punto de vista emocional.

Chari sostiene que la depresión es algo que siempre está ahí, unas veces más agudizada y otras menos. Sin embargo, “intentas superarla y llevarlo lo mejor posible”, a pesar de que “se hace cuesta arriba porque ves que no hay mejoría, que se produce un deterioro y cada vez es más rápido”. Ésta matiza que el deterioro de su marido va en paralelo con el hecho de que ella también cumple años, se siente peor y sufre dolores.

Emilio comparte con su esposa su malestar por la situación. Por eso “cuando ve aparecer a Rafael, parece que ve a Dios”, apunta la mujer, quien explica que entró en contacto con Cruz Roja gracias a un joven que un día la ayudó a bajar a su marido del coche y le dijo que tenía que conocer a Amalia. “Así que cuando subí a casa, a los cinco minutos estaba llamando a Amalia a ver quién era. Este programa me ha supuesto un gran respiro”.

Cruz Roja busca voluntarios para dar la oportunidad de cuidarse a quien cuida.

Vía: www.elmundo.es

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