Etorkintza

Los cuidadores, la otra cara del cáncer

Ene 10, 17 Los cuidadores, la otra cara del cáncer

Una frase. La palabra. Y luego el silencio. ¿Cómo continúa la conversación cuando el cáncer da la cara y se convierte en uno más del entorno familiar de quien lo padece? El diagnóstico es el primer aviso, pero no el definitivo. Es decir, su entrada en la vida real, en lo cotidiano de las personas que rodean al enfermo, está lleno de huecos, de zonas en sombra en las que uno no sabe muy bien cómo actuar y, sobre todo, cómo encarar la realidad que ha usurpado el lugar que hasta entonces ocupaba la rutina, lo cotidiano, la inocencia de sentirse ajeno a esa enfermedad de la que cada año en España se diagnostican 200.000 nuevos casos y de la que hay más de 1.500.000 de pacientes.

Con motivo del Día Mundial del Cáncer de Mama, la actualidad colgó en los medios lazos rosas en sus portadas. Las historias de guerreras que han peleado y pelean contra sus tumores se vuelven demostraciones de duelo contra una enfermedad que es real, que existe, que hay que visibilizar, y contra la que se puede luchar con ayuda médica y psicológica, no sólo desde el silencio. En ese sentido, la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) vuelve a servir de guía para abordar una situación tan compleja como incomprensible, por lo drástico de su planteamiento: una frase, la palabra, y luego el silencio. El mundo que existía hasta entonces, hasta esta frase, hasta este término, ha dejado de existir. Pero empieza otro nuevo. Y hay que construir una nueva realidad que acoja al enfermo pero también a quienes le rodean. ¿Se puede convivir con el cáncer? Repasamos en cinco claves un acercamiento a cómo sobrellevar la lucha.

1. Habla con el paciente

Cuidar es difícil, sobre todo en el contexto de incertidumbre en que sitúa el cáncer al enfermo y a su entorno. A las dudas que lleva de la mano el miedo surge en el cuidador una más difícil de afrontar como es la mejor forma para apoyar, para ayudar, para acompañar en este complejo proceso que afecta no sólo a cambios en la vida diaria sino, y sobre todo, al terreno de lo emocional. Afrontar y enfrentar son dos verbos que requieren de mucho aplomo para conjugarse, y en ese sentido la palabra y el cariño son fundamentales para cuidar a la persona enferma. Primero hay que “asumir lo que está pasando”, y evitar esa actitud de observación en la que ambos esperan los primeros síntomas. Por ello, según la AECC, “lo importante es acompañar a la persona y que no se sienta sola”, teniendo en cuenta que cada persona reacciona de forma distinta al proceso; dejarle claro que el enfermo no está solo. Y en el camino tendrá manos a las que agarrarse.

2. ¿Le cuento todo?

¿Es mejor hablar de la enfermedad o no hacerlo? ¿Pero cómo enfrentar la realidad si no hablamos de ella abiertamente? Cada caso es distinto, y varía según lo avanzado del proceso de la enfermedad. A veces la actitud que toma el cuidador es que cuanto menos sepa el enfermo de su estado, mejor, porque le ahorra sufrimiento. Sin embargo, “es beneficioso hablar aunque nos cueste”, porque no hacerlo no va a lograr que la enfermedad desaparezca. Una actitud de silencio hacia la persona enferma no ayuda, y lo importante está en saber qué información necesita: “Hay pacientes que viven el proceso sin querer saber en qué consiste, y no preguntan y delegan en el entorno familiar”. Sin embargo, otras personas “necesitan conocer con más detalle qué les está pasando. En este caso, ocultarles la información sería contraproducente”.

3. La empatía, esa llave maestra

Ponerse en el lugar del otro es una herramienta diaria esencial en la convivencia, y en este caso, la empatía supone una llave maestra para descerrajar las emociones y las contradicciones a las que se enfrenta el paciente. Y el cuidador. ¿Cómo saber qué es lo que necesita? Con la palabra. Para ello, lo mejor es tratar de hablar poniéndose en el lugar del otro: “Procura no tener prisa, escucha y comparte sus sentimientos para que se sienta comprendido, y sobre todo pregúntale”, recomiendan desde la AECC, que apuntan hacia la necesidad de construir un clima de confianza para que esa comunicación surja en ambas direcciones.

Para ello, “evita dar consejos como ‘hay que ser fuerte’, ‘procura no imponer a la persona enferma lo que debe hacer’, y no culpabilizarle de lo que está pasado con frases como ‘deberías haber ido antes al médico o no puedes continuar con esa actitud'”. Además, recomienda la AECC, “intenta no dar nada por supuesto y pregúntale de un modo abierto cuestiones tipo ‘¿qué es lo que te preocupa?, ¿en qué te puedo ayudar?’.

4. ¿Qué hago cuando llora?

Son los momentos difíciles. El llanto o la ira suelen aparecer como parte del proceso de la enfermedad, el duelo íntimo que mantiene el enfermo con la realidad. Las herramientas para sobrellevar de la mejor manera estos episodios pasan por respetar los silencios y permanecer tranquilo ante la ira. Cuando esto ocurre, lo mejor que puede hacer el cuidador es esperar a que la rabia amaine con actitud tranquila, mostrarse disponible y sobre todo dejarle que llore, llegado el caso, porque este gesto “actúa como válvula de escape y como desahogo”.

En cuanto a las lágrimas, la AECC recomienda no interrumpir el llanto y evitar comentarios como ‘no es para tanto’ o ‘no llores’. Y si el cuidador no sabe qué decir en ese díficil momento, no sentirse mal por ello: una buena solución es usar “el contacto físico, una caricia, un abrazo. Son gestos de cariño que transmiten lo que no podemos decir con palabras”. ¿Y qué hacer cuando aparecen los silencios? “Puede haber momentos en los que la persona enferma no quiera hablar”. En esos casos, “el silencio compartido no es un silencio vacío sino que transmite respeto a sus sufrimientos” por parte del cuidador, y un deseo de estar acompañado por parte del paciente.

5. Cuidar al cuidador

“Para poder ofrecer cuidados de calidad es necesario que la persona que cuida se sienta bien física y emocionalmente”. Para ello, el cuidador también se debe cuidar con gestos diarios como hacer descansos a lo largo del día, pedir ayuda para hacer turnos por las noches, consultar al médico si se siente muy cansado o no puede dormir. Desde la AECC también recomiendan realizar actividad física “para descargar la tensión acumulada” y realizar una “buena planificación de las actividades” que incluyan los cambios que afecten al resto de la familia. La sobrecarga y estrés aumentan con la sensación de aislamiento que conlleva la responsabilidad de cuidar de una persona enferma. Para ello, una solución pasa porque el cuidador busque tiempo para sí mismo, y que lo dedique a realizar actividades que le gusten, relacionándose “con otras personas de tu entorno”. Y sobre todo, poner límites cuando el paciente descarga toda su irritabilidad.

El peso de la enfermedad recae sobre sus hombros sanos, pero saber pedir ayuda a tiempo es la mejor prevención: la asistencia médica y psicológica dotan al cuidador de herramientas para sobrellevar mejor el camino que la enfermedad traza cada día, con la enorme carga de incertidumbre y miedo que conllevan. Sin embargo, la realidad es que ni el enfermo ni su entorno familiar están solos: la AECC también es una respuesta para sobrellevar de la mejor manera esta situación que empieza con algo tan sencillo como una frase. Una palabra. Y el silencio.

Vía: www.eldiariomontanes.es

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies