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Autoestima

Dic 01, 12 Autoestima

De las diversas definiciones que se han propuesto de la autoestima, escogemos la de Bums, que nos parece suficientemente clara, específica y constatable: el conjunto de las actitudes del individuo hacia sí mismo.

El ser humano se percibe a nivel sensorial; piensa sobre sí mismo y sobre sus comportamientos; se evalúa y los evalúa; siente. en consecuencia, emociones relacionadas consigo mismo; todo lo cual evoca en él tendencias conductuales coherentes con sus percepciones, pensamientos, evaluaciones y sentimientos. Puede ocurrir, por ejemplo, que uno se vea dotado, como Cyrano de Bergerac, de una nariz descomunal, y piense de sí mismo que es feo y poco atractivo; lo cual puede provocarle un sentimiento de vergüenza y una tendencia a evitar la compañía de otras personas. Esta actitud formaría parte -negativa, en este caso-de su autoestima.

Así pues, estos conjuntos de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias conductuales dirigidas hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y de comportarnos, hacia los rasgos de nuestro cuerpo y de nuestro carácter, configuran las actitudes que, globalmente, llamamos AUTOESTIMA. La autoestima, en suma, es la percepción evaluativa de uno mismo.

La importancia de la autoestima estriba en que concierne a nuestro ser, a nuestra manera de ser y al sentido de nuestra valía personal. Por lo tanto, no puede menos que afectar a nuestra manera de estar y actuar en el mundo y de relacionamos con los demás. Nada en nuestra manera de pensar, de sentir, de decidir y de actuar escapa al influjo de nuestra autoestima. «La conducta del individuo es el resultado de la interpretación peculiar de su medio, cuyo foco es el sí mismo» (R.B. Burns, p. 50).

Nadie puede dejar de pensar en sí mismo y de evaluarse. Todos. pues, desarrollamos una autoestima suficiente o deficiente, positiva o negativa, alta o baja … , aunque no nos demos cuenta. Importa, por tanto, desarrollarla de la manera más realista y positiva posible y que nos permita descubrir nuestros recursos personales, para apreciarlos y utilizarlos debidamente, así como nuestras deficiencias, para aceptarlas y superarlas en la medida de nuestras posibilidades.

Si no nos valoramos en lo que realmente valemos, si no reconocemos y apreciamos las cualidades y talentos que realmente poseemos, si no aceptamos con serenidad nuestras limitaciones, seremos presa fácil de la inseguridad y la desconfianza en nosotros mismos; nos será más difícil afrontar y superar los problemas de nuestra vida cotidiana; nos resultará casi imposible emprender proyectos arriesgados, pero accesibles a nuestras posibilidades. Por otro lado, podríamos fácilmente caer en la tentación de intentar empresas que, por exceder nuestra capacidad, estarían condenadas al fracaso.

De ahí la importancia de un autoconocimiento sensata y sanamente autocrítico, como base imprescindible para conocer y reconocer tanto lo positivo como lo negativo de los rasgos de nuestro carácter y de nuestras conductas; base desde la que nos será posible modificar actitudes irreales, prejuicios… y fortalecer la evaluación realista de nuestros recursos, posibilidades, limitaciones, errores …

La importancia de la auto-estima se aprecia mejor cuando cae uno en la cuenta de que lo opuesto a ella no es la hétero-estima, o estima de los otros, sino la desestima propia, rasgo característico de ese estado de suma infelicidad que llamamos «depresión». Las personas que realmente se desestiman, se menosprecian, se malquieren … , no suelen ser felices, pues no puede uno desentenderse u olvidarse de sí mismo. La persona que no está a gusto consigo misma, no está a gusto.

Por otra parte, una autoestima suficiente suele ser uno de los componentes de la persona feliz. «Conozco una sola definición de la felicidad: Ser un buen amigo de sí mismo» (P. Solignac),

Las «Aes» de la Autoestima

«La autoestima positiva es el requisito fundamental para una vidaplena» (N. Branden)

El lector podrá darse cuenta de que ya tiene una idea más o menos clara de lo que significa concretamente la autoestima si completa varias veces por escrito, de una manera rápida y espontánea, la siguiente frase incompleta: Para mí la autoestima significa…

La persona que se autoestima suficientemente posee, en mayor o menor grado, las siguientes características (las «Aes» de la autoestima): Aprecio, Aceptación, Afecto y Atención. A continuación las explicamos una por una:

1. Aprecio genuino de uno mismo como persona, independientemente de lo que pueda hacer o poseer, de tal manera que se considera igual-aunque diferente-a cualquier otra persona. Un aprecio que incluye todo lo positivo que pueda haber en uno mismo: talentos, habilidades, cualidades corporales, mentales, espirituales… Le encantan sus cualidades manifiestas y sabe que es capaz de desarrollar otras todavía latentes, si se lo propone seriamente. Disfruta de sus logros sin jactancia ni fanfarronería, que, por cierto, suelen ser indicio de sentimientos de inferioridad. «¡Todos tenemos dentro de nosotros mismos una Buena Nueva! La Buena Nueva es que no sabemos realmente lo grandes que podemos ser, lo mucho que podemos amar, lo mucho que podemos lograr y la magnitud de nuestro potencial. No se puede mejorar una Buena Nueva como ésta» (Anne Frank)

2. Aceptación tolerante y esperanzada de sus limitaciones, debilidades, errores y fracasos. Se reconoce un ser humano falible, como todos los demás, y no le extraña ni acongoja demasiado el hecho de fallar con mayor o menor frecuencia. Reconoce serenamente los aspectos desagradables de su personalidad. Se responsabiliza de todos sus actos, sin sentirse excesivamente culpable por los desacertados. Sabe por experiencia que «el horror al error es un error peor». No le asustan sus defectos, y prefiere triunfar, pero no se hunde cuando pierde. : «Aspira a hacer las cosas bien, no a la perfección. Nunca renuncies al derecho que tienes a equivocarte, porque, si no, perderás la capacidad de aprender cosas nuevas y de avanzar en tu vida. Recuerda que el miedo siempre se oculta bajo las ansias de perfección. Encarar tus miedos y permitirte a ti mismo el derecho a ser humano puede, paradójicamente, hacerte una persona muchísimo más fecunda y feliz» (D. Buros)

3. Afecto: una actitud positivamente amistosa, comprensiva y cariñosa hacia sí misma, de tal suerte que la persona se sienta en paz, no en guerra, con sus pensamientos y sentimientos (aunque no le agraden), con su imaginación y con su cuerpo (con todas sus arrugas y verrugas). Y, así, sabe disfrutar de la soledad sin desdeñar la compañía. «Se encuentra bien consigo misma dentro de su propia piel» (L. Racionero). «Deberíamos aprender a mirarnos a nosotros mismos con la misma ternura conque nos miraríamos si fuéramos nuestro propio padre»( L. Martín Descalzo)

4. Atención y cuidado fraternal de sus necesidades reales, tanto físicas como psíquicas, intelectuales como espirituales (no hablamos de las «necesidades innecesarias» creadas artificialmente por una publicidad agresiva y engañosa). La persona que se autoestima prefiere la vida a la muerte, el placer al dolor, el gozo al sufrimiento. No busca el sufrimiento por el sufrimiento; protege su integridad física y psíquica; no se expone a peligros innecesarios … Pero también es capaz de aceptar el sufrimiento y la misma muerte por una persona o una causa con la que se sienta profundamente identificada.

Estas cuatro características, estas primeras cuatro «Aes» de la autoestima, presuponen un buen nivel de autoconocimiento y, en especial, de autoconsciencia, es decir, de vivir dándose cuenta del propio mundo interior, escuchándose a sí mismo amistosamente, prestando atención a todas las voces interiores … Ya nos advirtió Sócrates que no vale la pena vivir inconscientemente.

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