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Cuidando al cuidador

Sep 13, 16 Cuidando al cuidador

Nadie puede imaginarse lo que realmente es esto hasta que no pasa por el mismo camino. Lo asegura tajante Mari Expósito, miembro de la Asociación de Alcaudete de Cuidadores y Personas Dependientes (Asalcude). Ella lo ha vivido durante muchos años, tantos como los que ha cuidado a su madre, que falleció hace unos meses después de mucho tiempo en el que necesitaba a una persona las 24 horas del día. «Es duro, muy duro pasar por este proceso», asegura Mari. Por eso, debido a su situación personal, pero también a sus deseos de ayudar a todos los que estuvieran atravesando sus mismas vivencias para mejorar su calidad de vida, se involucró en este proyecto.

Así surgió hace un año y medio Asalcude. «Nos animó mucho la enfermera de enlace que nos daba talleres sobre cómo cuidar a los enfermos, fue una decisión que tardamos en madurar porque no todo el mundo estaba dispuesto a dar el paso hacia adelante». Sin embargo, en abril del año pasado, un puñado de personas pensaron que era necesario crear un colectivo que cuidara de los cuidadores. Nació así una asociación que en este tiempo ha organizado diversas actividades con el fin de recaudar fondos para su sustento y para dotar de mejores equipos y servicios a los enfermos, pero también para mostrar a los cuidadores cómo vivir con un dependiente, a moverlo, a bañarlo… Y, por su puesto, a comprender que es una labor dura, pero en la que también debe haber tiempo para respirar y continuar viviendo.

«El que no ha pasado por este camino no puede llegar a comprender cómo es»

«El cuidador -cuenta Mari- debe llevar su propia vida y sufrir también otra, en este caso la del enfermo». Por eso, Asalcude pretende dotar al cuidador de las herramientas necesarias para mejorar su calidad de vida y también, por extensión, la del enfermo. «No se trata tanto del esfuerzo físico, sino de un sentimiento de tristeza e impotencia que va naciendo en el corazón y contra el que hay que luchar», explica. A esta situación se llega porque «te da pena en qué situación quedan las personas que quieres; a mí me costaba mucho más sufrimiento ver a mi madre en el estado en la que vivía que la fuerza física que tuviera que hacer», añade. Por eso, asegura que nadie sabe cómo se vive esta travesía hasta que no se cruza. Y es que considera que «desde fuera se ve diferente, no se entiende lo que supone cuidar a otra persona todas las horas del día, jornada tras jornada».

La asociación organiza talleres de fisioterapia para saber cómo movilizar a los pacientes, pero también de psicología precisamente para que este complejo proceso sea más llevadero. «Nos damos consejos unas a las otras -porque la mayoría de los cuidadores continúan siendo mujeres- y nos animamos.». Tanto es así que Mari sigue acudiendo a los talleres aunque de momento ya no cuida de ningún dependiente. Pero, asegura que «voy por si puedo aportar algo con mi experiencia».

La asociación sigue creciendo poco a poco desde su nacimiento. «Es verdad que cuesta trabajo implicar a la gente porque hay quien lo ve como un tema ajeno, lejano». Sin embargo, es una situación con la que muchas familias conviven en su día a día de una forma más o menos directa.

Respiro familiar

En este tiempo ha recaudado dinero en eventos como las Fiestas Calatravas de Alcaudete y también mediante rifas. «El año pasado no salió el número ganador, así es que decidimos donar el dinero a tres familias necesitadas de la localidad; creemos que estuvo bien invertido». Con los fondos que consiguen recaudar adquieren utensilios tales como camas adaptadas para los dependientes. También se ofrece respiro familiar. Es decir, cuando algún cuidador precisa de algunas horas para asuntos personas -acudir al médico o una boda, por ejemplo- contratan a una persona para que pueda hacerse cargo durante ese tiempo del enfermo. «Es una forma de facilitar la vida al cuidador, de manera que pueda acudir a donde necesite».

Vía: www.ideal.es

2 Comentarios

  1. Emilia Hernández /

    Hace tiempo que, primero, sufrimos mi padre y yo el alzheimer de mi madre. Después me quede con mi padre, hasta que falleció. Cierto sentido de culpabilidad (por no haber cuidado a mi madre) y mi tendencia a ayudar a los demás, me hizo abocarme al “empleo” de cuidadora para ganarme un sueldo. Hoy por hoy me siento apática total, sin ánimos para nada. No tengo ilusión por nada, y cuando surge, me dura 5 minutos. Me salva mi carácter alegre y una amiga que me empuja y a veces me arrastra. Sola, soltera, sin hijos, con una familia que me parece que lo es a medias. En fin, que no sé qué hacer para salir de este estado.

    • David Vitores /

      Emilia, hablas de un todo vital bajo y profundos estados de culpa, tristeza y apatía. Son factores más que suficientes para solicitar ayuda profesional (psicología y/o psiquiatría). Es importante que aproveches tu carácter alegre y tendencia ayudadora dirigiéndolos hacia ti misma. Es momento de atenderte a ti, de darte un lugar. Además, parece que posees buen nivel de introspección, así que ya tienes medio camino hecho. No dudes en acudir a psicoterapia. Ánimo!

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