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Reconocimiento pendiente a la labor de las cuidadoras

Ene 17, 17 Reconocimiento pendiente a la labor de las cuidadoras

Tener un familiar enfermo o dependiente condiciona la vida en muchos hogares. El cuidador que se ocupa de atenderle suele cambiar radicalmente su día a día en un acto de entrega, casi siempre total, a esta labor. En España así lo hacen al menos los cuidadores que se encargan de los dos millones quinientas mil personas dependientes.

Los cuidadores desarrollan una importante carga física, psíquica y emocional. Se responsabilizan de la vida de la persona dependiente: medicación, higiene, alimentación y cuidados y hasta deben tomar decisiones por ella. Cada vez van necesitando más horas para el cuidado y acaban perdiendo paulatinamente su independencia. Se van descuidando y desatendiendo a sí mismos, salen menos, se relacionan menos, etc. En definitiva, paralizan o aparcan durante algunos años su «proyecto vital».

Según apunta a ABC el doctor Primitivo Ramos, secretario general de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), «al lado, detras y delante de estas personas dependientes hay siempre un cuidador familiar principal y otro complementario con una dedicación importantísima para la calidad vida de la persona dependiente».

Lamenta, sin embargo, que esta labor, tal y como aseguran 8.732 cuidadores en el estudio CuidadorES (realizado por SEGG y Lindor) no está reconocida socialmente. «Es necesario dar una gran visibilidad a este tipo de cuidados no solo en días epeciales como hoy, sino todos los días del año y, sobre todo, dotar de más medios y herramientas para facilitarles su cuidado».

El secretario general de la SEGG es optimista y considera que la visibilidad de los cuidadores va en aumento en los últimos años y espera que su labor sea cada vez más reconocida. «Hace una década el perfil mayoritario del cuidador era en el 80% de los casos de un familiar, mayoritariamente mujer, de edad próxima o mayor al de la persona a la que se daban los cuidados, habitualmente el cónyuge. Actualmente, el 85% son mujeres también, pero la edad del cuidador ha variado, siendo ahora de entre los 31 a los 60 años, debido a que solicitan la prestación de la Ley de Dependencia y regularizan su situación».

Es muy habitual que el mayor atendido no pueda agradecer y reconocer la labor del cuidador, a pesar de que a estos les resultaría reconfortante y alentador.

Desde la SEGG aseguran que al inicio la tarea de cuidar les reporta satisfacciones e incluso llegan a rechazar las ayudas que se les ofrecen; sin embargo, a medida que avanza el tiempo, comienzan a darse cuenta de la realidad: la enfermedad se alarga en el tiempo, la situación es cada vez más dura y comienzan a necesitar cada vez más ayuda y no la encuentran.

Las dificultades se acumulan y lo peor de todo es que no encuentran respuestas para ellas y ven cómo la persona cuidada se deteriora, llegando en algunos casos a sentirse culpables por ello y desarrollando el síndrome del cuidador: Respuesta inadecuada a un estrés emocional crónico cuyos rasgos principales son un agotamiento físico y/o psicológico, una actitud fría y espersonalizada en la relación con los demás y un sentimiento de inadecuación a las tareas que tiene que realizar y, por tanto, de culpabilidad.

Según el estudio de la SEGG, en colaboración con Lindor, es muy habitual que el mayor atendido no pueda agradecer y reconocer la labor del cuidador, a pesar de que a estos les resultaría reconfortante y alentador. Esto es debido a que 5 de cada 10 mayores dependientes padecen demencia; el 19% tiene una actitud agresiva y de menosprecio, y un 15% tiene un sentimiento de rechazo.

Por este motivo, la SEGG y Lindor quieren poner de relieve y mostrar el valor de los cuidadores, que se iniciaron en los cuidados de un familiar o persona próxima y que día a día, van desarrollándose y adquiriendo un rol más profesional. Porque “Detrás de una persona mayor dependiente siempre hay un cuidador”.

Perfil

El 62 % de los cuidadores dedica un tiempo medio entre 6 y más de 12 horas al día, es decir, más de una jornada convencional de trabajo, y el 37,9 % de los cuidadores se dedica a tiempo parcial, es decir, menos de 5 horas al día.

Además, prácticamente el 70 % lleva más de 3 años como cuidador, distribuyéndose del siguiente modo: de 3 a 5 años (26,5 %), de 6 a 10 años (20,5 %) y más de 10 años (23 %). Esto indica que, en muchos casos, el cuidador, a medida que pasa el tiempo, tiende a estabilizarse en este trabajo y constituye su principal ocupación.

El informe matiza, además, que al analizar los desplazamientos que debe realizar un cuidador para llevar a cabo su trabajo, un 21 % de los cuidadores precisa trasladarse a la ciudad para realizar su tarea, lo que implica un cambio de su entorno habitual, mientras que el 79% no precisa trasladarse de ciudad para prestar los cuidados.

Al analizar las relaciones entre el cuidador y la persona cuidada, se destaca que en el 47,5% de los casos el cuidador es un familiar, mientras que en el 52,5% no existen relaciones familiares. Si desglosamos a aquellos que son familiares, se distribuyen de la siguiente manera: casi en el 20 % de los casos el cuidador es la madre o el padre, en el 14% se trata de otros familiares y casi en el 10% son los hijos los que cuidan.

Vía: www.abc.es

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