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Y a mí, ¿Quién me cuida?

Dic 13, 16 Y a mí, ¿Quién me cuida?

El cuidado de un familiar que padece una enfermedad crónica de larga duración, y que por la naturaleza del diagnóstico o la evolución de dicha enfermedad deriva en una situación de dependencia o discapacidad (por ejemplo la enfermedad de Alzheimer, el Parkinson, o la esquizofrenia), puede llegar a ser una situación altamente estresante. Esto es así especialmente para el cuidador principal, que es la persona sobre la que recae la responsabilidad, elegida o impuesta, de proporcionar al familiar enfermo la atención y los cuidados diarios necesarios.

El amor hacia esa persona nos puede llevar a querer asumir la responsabilidad de cuidarle, de atender sus necesidades (de alimentación, de higiene, de medicación, de cariño…), de buscar su confort, de acompañarle… y esto habitualmente durante las 24 horas que tiene el día. En esta situación, se corre el riesgo de anteponer siempre las necesidades de la persona que está a nuestro cargo a las propias necesidades (afectivas, sociales, personales…), olvidándonos de nosotros mismos y aumentando la probabilidad de padecer la sintomatología del conocido “Burn-out o Síndrome de estar quemado”, con el consiguiente riesgo de pasar de ser el cuidador a ser el enfermo.

El “Síndrome de Burn-out” fue descrito por primera vez por el psicólogo Herbert J. Freudenberger en 1974 basándose en su propia experiencia: A partir de una situación de sobrecarga laboral, el trabajo pasó de producirle satisfacción a provocarle agotamiento y frustración. Este fenómeno también se observa con frecuencia en el cuidador principal de personas dependientes, denominándose comúnmente “Síndrome del cuidador”.

¿Qué síntomas caracterizan este cuadro clínico? Si bien se han llegado a describir más de 130 síntomas, los más frecuentes son los siguientes: pérdida de energía, agotamiento físico y mental, sensación de estar al límite, estado de ánimo depresivo, ansiedad, aislamiento social, problemas de sueño, irritabilidad, pérdida de concentración, nerviosismo, ira, culpa, problemas de memoria, dolores físicos, alteraciones digestivas, distanciamiento y frialdad emocional, rechazo de la persona cuidada y cinismo (Kraft, 2006).

¿Cómo se puede prevenir la aparición del “Síndrome del cuidador”? He aquí algunas claves:

1.- Dedicar cada mañana al menos 20 minutos a meditar. Silenciar la mente nos ayudará a sentir bienestar y a reponer energía para poder afrontar el día.

2.- Dedicar tiempo a practicar “5 hábitos positivos diarios”, es decir, ejercicios o actividades con las que disfrutemos y nos llenen de energía y vitalidad (cocinar, pintar, rezar, meditar, leer la prensa, pasear, escuchar música, hablar con un amigo o familiar…).

3.- Busca apoyos para que nos ayuden a sobrellevar la situación. Hablar con un familiar, amigo o vecino de nuestra confianza para que se haga cargo de la persona enferma durante un tiempo mientras nosotros dedicamos dicho tiempo a satisfacer nuestras propias necesidades (descansar, pasear, escuchar música, hacer ejercicio, darte un masaje, ir al cine, etc.).

4.- Evitar los sentimientos de culpabilidad por no estar 24 horas a su cargo. Necesitamos tiempo para dedicarnos a nosotros mismos y para reponer la energía invertida en el cuidado. De lo contrario, correremos el riesgo de desarrollar síntomas de estrés crónico, tales como ansiedad o depresión, impidiendo el adecuado cuidado.

5.- Practicar técnicas de relajación. Hacer ejercicios de relajación nos permitirá compensar los momentos de sobrecarga y tensión, recuperando el equilibrio y bienestar.

6.- Cuidar a diario las necesidades corporales de alimentación, descanso y ejercicio. Comer sano, descansar lo suficiente (entre 7 y 8 h) y hacer ejercicio físico moderado son antídotos naturales en contra de los efectos adversos del estrés.

…Si eres cuidador y no te cuidas, probablemente enfermes y si enfermas no podrás cuidar bien a ese ser que te necesita…

¡La clave está en encontrar el equilibrio entre la tensión y la relajación!

Vía: www.viu.es

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